Los calambres musculares son uno de los enemigos más temidos por cualquier deportista de resistencia. Tanto si estás en plena subida en bici tras horas pedaleando, como si llevas más de 30 kilómetros corriendo y notas ese primer espasmo en el gemelo… sabes que puede ser el principio del fin. Como entrenador de ciclismo y practicante de ultramaratón, los he vivido en carne propia y sé que cuando aparecen, no hay margen de error. Por eso hoy quiero compartir algo que me ha funcionado: el ácido acético, ese compuesto presente en el vinagre y en algunas gominolas que, aunque suene raro, puede ser una auténtica salvación en plena competición.
He probado muchas cosas a lo largo de los años, pero pocas tan efectivas y rápidas como las gominolas de ácido acético. ¿Pseudociencia o solución eficaz? Vamos a verlo.
¿Qué es el Ácido Acético y Cómo Afecta al Cuerpo?
El ácido acético es el principal componente activo del vinagre. Está presente en productos como el vinagre de manzana, el jugo de pepinillos y en presentaciones más modernas como cápsulas o gominolas específicas para deportistas. Lo interesante es cómo actúa en el cuerpo, especialmente ante la aparición repentina de calambres.
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Ver planes de entrenamiento →Contrario a lo que muchos piensan, el ácido acético no actúa directamente en los músculos. Su efecto parece estar relacionado con la estimulación de ciertos receptores nerviosos situados en la boca y en el esófago. Esta estimulación provoca una respuesta refleja en el sistema nervioso central que “resetea” el circuito que está provocando el espasmo muscular. Es decir, no elimina el calambre desde el músculo, sino desde el cerebro.
Hay deportistas que han popularizado su uso, como Carlos Alcaraz, quien fue visto tomando jugo de pepinillos durante partidos clave. Pero no solo en el tenis. Cada vez más corredores y ciclistas están experimentando con esta solución… y obteniendo resultados muy positivos.
Evidencia Científica y Casos Reales
Estudios recientes han empezado a profundizar en cómo el ácido acético puede influir en la contracción involuntaria de los músculos. Uno de los estudios más citados fue publicado en el “Journal of Sports Science and Medicine”, en el que se observó que el consumo de vinagre (o jugo de pepinillos) durante episodios de calambres podía reducir la duración y severidad de los mismos en minutos.
El caso más mediático ha sido el del tenista Carlos Alcaraz, mencionado incluso por National Geographic, donde se analizaba su costumbre de beber jugo de pepinillos para prevenir calambres, ciclistas como Tadej Pogacar o corredoras de trail como Sara Alonso. Este tipo de contenido ha disparado el interés por el ácido acético en el mundo del deporte.
En ciclismo, aunque menos mediático, se ha observado algo similar: hay productos especializados que se están comenzando a usar en pruebas de ultrafondo o etapas de gran dureza. El objetivo siempre es el mismo: evitar que un calambre ponga fin a meses de preparación.
Aplicaciones Prácticas en Running y Ciclismo
¿Cuándo tomarlo? La clave está en reconocer los primeros signos de calambre, ese momento en el que el músculo da el primer aviso. Si actúas ahí, puedes evitar que el calambre se instale completamente.
En mi caso, utilizo gominolas de ácido acético. Las llevo en el maillot o en el cinturón de running y, cuando siento los primeros amagos de calambres, me meto una en la boca y la dejo disolver poco a poco. La acción es casi inmediata. Esto me ha pasado varias veces en carreras de ultramaratón, donde el esfuerzo es muy intenso y prolongado. Al chupar la gominola, el calambre cede casi al instante.
En ciclismo de fondo, la estrategia es parecida: se pueden llevar en el bolsillo trasero del maillot y usar durante puertos largos o momentos de alta intensidad acumulada.
Otras formas de uso:
- Vinagre de manzana diluido en agua, aunque más incómodo por el sabor.
- Jugo de pepinillos, efectivo pero poco práctico de transportar.
- Cápsulas o sticks, que están empezando a aparecer en el mercado deportivo.
Lo importante es probarlo en entrenamientos antes de confiar en él en competición.
Mi Experiencia en Carreras de Ultramaratón y Entrenamientos Ciclistas
Durante una ultramaratón de montaña con más de 10 horas en carrera, los calambres comenzaron a dar señales tras el sexto avituallamiento. No era algo nuevo, pero esta vez llevaba un as bajo la manga: unas gominolas de ácido acético que me habían recomendado. Me metí una en la boca y la dejé que se disolviera sin masticar. Para mi sorpresa, el calambre no solo no fue a más, sino que desapareció.
A partir de ahí, decidí probarlas también en entrenamientos ciclistas largos, especialmente en puertos con mucha carga acumulada o días de calor. Y el patrón se repetía: cuando notaba el músculo amenazando, una gominola bastaba.
Esto no es magia. Es simplemente neurofisiología aplicada a la nutrición deportiva. Por eso he empezado a recomendarlo también a algunos de mis ciclistas más propensos a los calambres. Siempre con la premisa de probarlo en entreno y nunca experimentar en carrera.
Consejos para Integrarlo en tu Estrategia de Carrera
Si eres runner o ciclista y los calambres son tu talón de Aquiles, te dejo unos consejos prácticos:
- Prueba en entrenamientos largos o con mucha carga acumulada. Así sabrás cómo responde tu cuerpo.
- Elige el formato más cómodo para ti. Las gominolas son discretas, fáciles de llevar y de consumir.
- No lo uses como sustituto de la hidratación o la nutrición. Es un complemento para un problema específico.
- No esperes al calambre completo. Actúa ante los primeros avisos.
- Haz pruebas de tolerancia. Algunas personas son más sensibles al vinagre o al ácido acético.
Si bien no es un remedio milagroso, en mi experiencia tiene una eficacia altísima si se aplica en el momento adecuado. Y lo mejor: es natural, accesible y no tiene efectos secundarios conocidos si se usa con moderación.
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El ácido acético se ha ganado un lugar en mi arsenal como deportista y entrenador. No reemplaza una buena estrategia de entrenamiento ni una correcta nutrición, pero puede marcar la diferencia entre abandonar una carrera o cruzar la meta.
Mi consejo es simple: pruébalo. Si eres de los que sufre calambres durante pruebas largas de ciclismo o running, esta puede ser la herramienta que te salve en el momento crítico. Ya sea en forma de gominolas, vinagre de manzana o jugo de pepinillos, merece la pena tenerlo a mano.
Porque cuando llevas horas dejándote el alma en una subida o peleando contra el crono en una maratón, un calambre no debería ser lo que lo arruine todo. Y si una simple gominola puede evitarlo… ¿por qué no darle una oportunidad?

